lunes, 15 de septiembre de 2008

ARANBIKE 2008 13,09,2008

Nuevamente a la cita Pirenaica aunque ha coincidido con la "Noche en Blanco" y me cuesta decidirme, pero los Pirineos se lo merecen todo, además la compañía es inmejorable y también garantiza unos buenos ratos de risas y alborozo.

Por desgracia el tiempo no acompaña y el día se presenta frío, adusto,amenazante, así que de entrada ropa de invierno que después incluso se quedará corta. En los primeros kms han incorporado unas trialeras tremendas, un sendero resbaladizo con unas pendientes importantes y aunque al principio me atrevo a bajar montado, la triste realidad se me viene encima, mejor dicho yo me caigo encima encima de la realidad, vamos que me ostio. No es nada, algún rasguño y moratón, pero ya me ando con precaución y veo con envidia como los machacas bajan a toda leche mientras yo bajo andando con cuidado, menos mal que alguno que otro también es de la infantería y anima mi maltrecha moral.


Solventado el mal trago solo queda apretar los riñones y salvar los mas de 700 mts de desnivel que tenemos hasta coronar en los remontes del Pla de Beret. Aunque duro, este tramo es una gozada, ganando altitud viendo constantemente el valle de Aran, con sus pueblecitos tan típicos y aseados aquí y allá, su verde intenso, sus espesos bosques, y sus impresionantes picos (alguno ya con nieve) rodeando el valle.
El suelo esta húmedo y hay trechos que las ruedas se pegan y la bicicleta pesa como un camión, también pudiera ser que mis piernas no dan para más, pero antes de que la cosa se ponga fea de verdad y después de un par de rampas duras, duras, llego a los 1800 mts de altitud, donde acaba lo mas fuerte de la ascensión. Ahora la niebla empieza a ocultar el paisaje y parecemos fantasmas recorriendo el tramo de campo a través que nos lleva hacia la estación de Beret.


Subiendo en el telesilla la cosas ya si que se pone mal, la ventisca arrecia con un vientecillo helador y unos finos granos de hielo. Menos mal que el recorrido no es muy largo, lo que no impide llegar arriba medio pasmado frío, incluso hay varios ciclistas que han tenido que meterse en la caseta del telesilla para entrar en calor. Me pongo de todo, chaqueta, chubasquero, guantes largos, buff, pero de todas formas el descenso es bastante penoso, y peligroso, con mucha piedra suelta y barro.
El resto de la ruta resulta una dura prueba, llueve con fuerza y ya voy calado hasta los huesos, es todo prácticamente bajada, a ratos trialera y siempre embarrada, debería ser una gozada descender viendo todo el valle a mis pies pero con la lluvia, el frío y la niebla la mayor alegría me la llevo al llegar a meta y poder quitarme la ropa empapada. Ahora a recuperarse.

jueves, 4 de septiembre de 2008

ASCENSION AL MONDALINDO 03,09,2008

El Mondalindo (1831 mts.) es uno de los grandes de la sierra de Madrid, y seguramente el mas solitario. Ya llevaba bastante tiempo pensado en hacer una ruta que me llevara hasta su cumbre y hoy a sido el día. Ha sido una escapada gratificante, descubriendo nuevos caminos y disfrutando de unas vistas increíbles, de lo mas impresionante de la sierra, el inmenso espacio que se abarca desde su cumbre, por cualquier lado que mires, es una buena recompensa para el esfuerzo que supone llegar hasta allí, salvando un fuerte desnivel y porteando la bici algún trecho.

Perder altura de salida sabiendo que tienes por delante una buena ascensión siempre me ha fastidiado, pero esta mañana tan agradable te anima a olvidarte y disfrutar. Un pequeño callejeo por Bustarviejo y tomamos la cañada que nos lleva hacia el puerto del Medio Celemín, que hoy nos va a servir de calentamiento. A pesar de su poco desnivel es penoso de rodar por el mal estado de la pista, plagada de piedra suelta donde los patinazos y falta de tracción son constantes.

Desde el collado del puerto el inmenso valle del Lozoya está dominado por el color pajizo de las hierbas secas, el aire esta turbio y hay un ambiente de tensa espera de las lluvias del otoño ya próximo. Un entretenido descenso requiere nuestra atención, después del cual, ya en las cercanías de Lozoyuela, tomamos el desvío hacia Garganta, punto en el que empieza la larga subida que nos llevara hasta la cumbre.

Alternamos rampas empinadas con largos tramos de subida tendida y cómoda, de pista en buen estado con trechos pedregosos, de zonas despejadas con pinos militarmente alineados, y nos tocara bajarnos varias veces para traspasar puertas que controlan el paso del ganado. Según ganamos altura el paisaje se agranda, el valle del Lozoya se nos muestra desde una perspectiva nueva. El pinar se va espesando y sus sombras nos ofrecen un frescor que se agradece, ya que cuando el viento se detiene el calor resulta un tanto agobiante. Algunas paradas para disfrutar de las vistas o para saborear las primeras moras de la temporada hacen aun mas llevadera la ascensión.

La pista se acaba bruscamente, sin caminillo ni sendero que la de continuidad, así que no queda mas remedio que trepar por una incomoda y empinadísima ladera unos 300 metros agotadores, hasta la mismísima cuerda de cumbres. Aquí un retorcido y casi fantasmal sendero nos lleva entre las piedras, a veces encima de la bici a veces al lado, hasta la marca geodesica que adorna la cima del Mondalindo.

El aire espeso de la calima enturbia la visión del inmenso horizonte que nos rodea, lo saboreamos a la vez que un reconfortante bocadillo.

Disfruto descendiendo por una trazada apenas insinuada entre las piedras, aunque como mi habilidad técnica es mas bien justita me toca desmontar mas de una vez, y mas de dos, pero es una gozada recorrer este sendero que serpentea por la mismísima línea de cumbre. La pendiente se suaviza y nuevamente el camino se pierde, así que directamente pedaleamos campo a través atravesando unas verdes graderías donde las vacas y los caballos pastan o descansan en las zonas mas verdes.

Hay que pedalear con fuerza para traspasar el muro de ramas que esconden un divertido y sinuoso senderillo que llanea desde el Collado Abierto, rodeando Cabeza de la Braña, los altos matojos cubren la altura de la bicicleta en la que hacen un buen trabajo de limpieza, y de paso nuestras piernas. Bruscamente llegamos al pinar que se extiende por las alturas del puerto de Canencia hasta el que llegamos en rápido descenso por una buena pista. Carretera hacia Miraflores. Poco antes del pueblo tomamos un relajante camino, y acompañados por el meloso olor de la jara recalentada llegamos a destino, completando así una jornada fenomenal.