DOMINGO 28,9 : Aunque el tren llega a Burgos con bastante retraso tenemos toda la tarde para rodar los 65 kms que nos separan de Sto.Domingo de Silos. La ruta está en plena promoción, hay pagina web, tracks para GPS, folletos, y el camino está señalizado por lo que en principio no hay
mayor problema que las propias fuerzas, pero el amigo Murphy siempre acecha y en apenas una decena de kms de andar por las altas parameras burgalesas ya estamos perdidos. Las vallas crecen por los campos mas que las setas y una de ellas nos obliga a dejar el trazado del GPS y confiar en las señales pintadas en las piedras del sendero, hasta que nos despistamos definitivamente atrapados en una red de pistas construidas para la instalación de los molinos de viento que adornan todos los cerros. Otro detalle de modernidad y surrealismo: aquí , en medio de la nada, a pocos kms de Atapuerca donde reposan los restos del "Homo Antecesor", pongo el móvil y felicito a mi hija por su cumpleaños.. Ella está en Nueva York.


Cualquier situación empeora si se la deja, y si se intenta solucionar atajando se puede convertir en una odisea… vamos que acabamos empujando la bici por medio de un sembrado intentando recuperar el rumbo. Cuando lo conseguimos rodamos por pistas escondidas, zonas boscosas y solitarias, agradables de recorrer, pero hemos perdido mucho tiempo y tenemos que decidirnos por tomar el asfalto para recuperar ritmo antes de que desaparezca la luz. Al final tenemos que quedarnos en Covarrubias, bonita población donde anduvo Fernán González en su empeño de crear la nación castellana. Están de fiestas así que podemos bailar un vals o paquito el chocolatero, pero apenas conseguimos picotear algo para cenar porque las cocinas de los bares están cerradas.
Una estampa casi idílica, pozas profundas, juncos, nenúfares, buitres, la ermita templaria de San Bartolomé asentada en una luminosa pradera en un recodo del barranco.

El cañón finaliza bruscamente y rodamos rápidos hasta Burgo de Osma, una cervecita junto a la catedral -cerrada también- es el perfecto colofón de la jornada.
Después de Berlanga de Duero el cambio es radical, paisaje áspero, estepario, apenas hay matojos entre el suelo pedregoso, aunque siempre hay alguna sorpresa, como el curso del río Escalote, cortados y buitres. Transitamos el resto de la larga jornada por pequeñas carreteras locales, pequeñas aldeas, muchos restos de antiguos pobladores, tierra reseca.
¿Qué buscaban aquí los romanos? , ¿Qué hace aquí la gente? Tan cerca de casa y tan lejos, es como estar en la Luna. Por fin Medinaceli, casas restauradas, calles empedradas, un poco como un decorado sobre esta alta atalaya. Sublime el arco romano del siglo II, fotogénica la plaza Mayor, amplísima y porticada.














































